Resumen

Un par de hermanos se ven obligados a cambiar de ciudad justo antes de navidades, ella una friki amante del yaoi, el un gay timido que no termina de entender los gustos de su hermana. Pero gracias a ella entrara en un nuevo circulo de amistades donde creen que el es igual de friki que el resto.

Capítulo 6 – Navidades en familia

jueves, 19 de noviembre de 2009 en 11:37
Después de pasar toda la noche y parte de la mañana dormido me desperté a eso de las doce bastante recuperado, aún me picaba la garganta y me moqueaba la nariz, pero al menos ya no tenía el malestar general del día anterior ni tampoco los mareos, supuse que ya se me había pasado la fiebre, cosa que no tardó en comprobar mi madre nada más poner un pie fuera de mi habitación.

– Nando, querido, ¿qué tal te encuentras? – preguntó poniendo una mano en mi frente.
– Mejor, sólo me pica un poco la garganta – respondí automáticamente.
– Parece que ya no tienes fiebre, pero de todas formas sigue tomando el antigripal para la garganta y el moqueo – dijo ella desapareciendo por el pasillo, mientras yo iba a la cocina.

Al entrar mi hermana estaba allí terminando de desayunar mientras veía Bob Esponja en alguno de los canales locales.

– ¿En serio te gusta eso? – pregunté mientras me preparaba un vaso de leche y cogía unas galletas.
– No, pero lo prefiero a ver a cualquier programa de cotilleos mañanero plagado de publicidad de “cofidis, crédito directo” – dijo imitando la voz de los anuncios.
– Visto así… – dije mientras me comía las galletas y miraba en la pantalla los estúpidos gags del programa infantil ese, que yo personalmente no lograba entender qué le veía la gente – Definitivamente casi prefiero no ver la tele – añadí mirando a mi hermana.
– Oye, Nando, mamá me ha dicho que tenemos que terminar de deshacer todas nuestras cajas y arreglar la habitación de invitados para Marcos, además dice que quiere decorar la casa, que mañana ya es veinticuatro, ya sabes como es, le dará algo malo si pasa la navidad sin al menos un árbol. ¿Qué te parece si hoy nos dedicamos a eso?
– ¿No has quedado con Andrea? – pregunté sorprendido.
– Qué va, quedamos en que nos llamaríamos, pero es que en realidad yo aún tengo mil cosas que deshacer y no sé cómo voy a decorar mi habitación, apenas llevamos aquí dos semanas pero es que no me convence nada mi habitación, no tengo dónde poner mis figuritas y los tomos todavía están en cajas debajo de la cama... Estoy en proceso de convencer a mamá de que nos dé dinero para ir a IKEA y pillar algunos muebles baratos, tú sabes, estanterías o cosas así, si hoy estás mejor podríamos pasarnos – dijo ella con cara de emoción – Si es que te dejan el coche, así de paso le traemos a mamá un árbol y algo de decoración navideña, que IKEA tiene de todo – añadió al tiempo que se quedaba pensativa – Dios, es la excusa perfecta, voy a decírselo – dijo al tiempo que se levantaba de la mesa.
– ¡Angy! – la frené antes de que saliera de la cocina – Yo aún no te he dicho que sí.
– Venga ya, Nando, no seas así, ¿ya no tienes fiebre no? Será entretenido, IKEA siempre es entretenido.
– Querrás decir estresante, y más contigo – le dije mirándola con un deje de reproche.
– Prometo mirar sólo y exclusivamente estanterías y decoración navideña, quizás una lámpara, en mi habitación hay poca luz – añadió.
– Mira, yo ahora me tomaré un antigripal y trataré de deshacer las cajas que quedan en mi habitación, si después de comer he terminado y no me encuentro demasiado mal, vamos – y antes de que gritara de emoción y saliera corriendo de nuevo añadí – No pienso estar en IKEA más de dos horas, así que más te vale mirar sólo estanterías y decoración navideña, porque si a las dos horas de entrar no estamos en caja me voy sin ti y tú te las apañas de vuelta.
– Vale – refunfuñó haciendo una mueca graciosa mientras arrugaba la nariz – Voy a decírselo a mamá – añadió saliendo de la cocina.

Yo terminé las galletas y tal como había dicho a mi hermana, me tomé el antigripal y me fui a mi habitación a deshacer cajas. Cuando llegó mi hermana muy feliz, supuse enseguida que mi madre le había dado permiso para nuestra excursión a IKEA.

– Dice mamá que si te encuentras bien podemos ir, pero me ha prohibido comprar un árbol de navidad negro – añadió apenada – Con lo bien que quedan los árboles negros y la decoración blanca o plateada.
– Yo también prefiero el árbol verde de toda la vida – le dije mientras seguía sacando libros de la caja que tenía sobre la cama, hasta que me encontré con la carpeta de partituras y letras de cuando Marcos y yo quisimos montar el grupo y me quede mirándolas mientras me sentaba en la cama.
– ¿Eso son las canciones del “grupo” verdad? – dijo mi hermana mientras remarcaba las palabras entre comillas gesticuladas con los dedos.
– Así es, en verdad hubiera estado bien, pena que no encontráramos batería.
– Yo ya os veía como los nuevos Tokio Hotel versión española – rió ella ampliamente.
– Tú y tu gran imaginación friki.

Esta vez no caería en el error de preguntarle “Quiénes eran esos japos” ya lo hice una vez y terminó con una gran charla de mi hermana explicándome que en realidad eran alemanes, que el cantante y el guitarrista eran hermanos gemelos, que habían empezado con 7 años con no sé qué nombre y que más tarde firmaron con no sé qué discográfica y se convirtieron en Tokio Hotel y cantaban en alemán hasta que cuatro años después fue cuando sacaron el disco en inglés con el single Monsoon, que no había parado de oírse en los 40 este último año, era una canción bonita, la verdad es que me gustaba hasta que mi hermana se compró el disco y los escuchaba a todas horas, entonces llegué a cogerles manía, encima se dedicaba a contarme todos los cotilleos y teorías de las fans de que el cantante y el guitarrista hacían twincest, o lo que es lo mismo que estaban liados a pesar de ser gemelos. Pero el caso es que no quería escucharla hablarme de los alemanes esos así que preferí callarme antes de que ella empezara con su siempre extensa lista de maravillas del grupo.

– Oye, pero no te entretengas y sigue con las cajas que yo quiero ir a IKEA después de comer – me dijo quitándome las partituras de la mano y poniéndolas sobre el escritorio.
– Vale, vale, ya que por lo que veo no piensas hacer nada en tu habitación hasta tener estanterías, ¿por qué no me ayudas y me traes las cosas mías que quedan en la habitación de invitados?

Asintiéndome simplemente salió de mi habitación y se fue a por mis cosas a la salita, aunque dijéramos habitación de invitados en realidad era una habitación poco más grande que la de mi hermana y la mía donde había un sofá cama. Mi madre había decidido que una vez recogido todo pondríamos el televisor que había antes en mi habitación y acabaría siendo una pequeña salita donde mi hermana y yo viéramos la tele o jugáramos a la play y a mí la verdad es que me pareció buena idea y no me importó quedarme sin televisión en mi habitación, no éramos mucho de ver la televisión, sólo alguna que otra serie y sobre todo yo la usaba más que nada para jugar a la videoconsola. Para lo demás usábamos el ordenador que sí que teníamos uno cada uno.

Pasamos el resto de la mañana entre mi hermana y yo sacando cosas de las cajas y como bien había dicho Ángela al no tener en nuestras habitaciones más que la cama, la mesilla de noche y un escritorio, no demasiado grande, tampoco es que hubiera mucho sitio donde poner cosas así que simplemente lo separamos un poco y lo fuimos poniendo sobre el escritorio o la cama a la espera de comprar unas estanterías después de comer.

Tras un almuerzo durante el cual mi madre nos estuvo preguntando por nuestras nuevas amistades en la ciudad y mi padre me advertía mil y una vez que tuviera cuidado con el coche, mi hermana llamó a Andrea por si se quería venir a IKEA. Debo admitir que me alegro que le contestara que no, por lo visto era de las típicas que espera a última hora para comprar regalos y se iría con Pedro toda la tarde a pasearse por el centro comercial. Eso nos evitaba no sólo una tarde friki en IKEA que podía hacerse eterna, sino también otro encuentro con Pedro, del cual ya no sabía muy bien qué pensar. Aún tenía que hacerme a la idea de qué es lo que quería realmente de él, todavía no tenía muy claro si me gustaba o no. Bueno, sí tenía muy claro que atraerme me atraía, pero lo que me preocupaba realmente no era eso, sino qué interés tenía él en mí. Y estaba claro que si venía Andrea casi seguro que venía acompañada de Pedro, parecían inseparables esos dos. Salimos de casa a las tres de la tarde y aunque finalmente no vinieron, la tarde con mi hermana resultó igualmente friki. ¿Cómo era posible que le viera el lado friki a todo? Que si un sillón para niños que según ella parecía un Totoro, una cómoda idéntica a la de la habitación de Rei Ayanami, una lámpara como la de Miki Koishikawa, en definitiva, que los suecos se copiaban descaradamente del anime japonés para sus diseños según Ángela.

Pero la discusión importante vino cuando ella tras ver una vitrina de cristal decidió que “la necesitaba”, era sumamente importante, nada de estanterías, ella “debía tener” esa vitrina para meter sus figuritas frikis y tomos manga, y claro como quien la pagaría en un principio sería yo hasta que llegáramos a casa y mi madre me diera el dinero no me quise arriesgar, así que al final acabó llamando a mi madre y la cosa quedó en que se la podía comprar y contaría como uno de sus regalos de Reyes, así que de paso compró también una estantería igual que la mía de esas tipo modular básicas, la suya en negra y la mía color madera de toda la vida.
Por lo visto los muebles de IKEA no eran un regalo de navidad común así que tampoco tuvimos que esperar mucha cola y para cuando llegamos a casa eran las seis y media de la tarde.

Y básicamente dedicamos el resto de la tarde montando nuestras respectivas estanterías y la vitrina de Angy para después pasar a llenarlas, yo de libros, juegos, CDs y DVDs y ella de mangas y figuritas.

Para cuando por la noche nos llamó Andrea con el plan de salir a dar un paseo o tomar algo por ahí, estábamos tan cansados que decidimos quedarnos en casa viendo alguna película en la ya ordenada y preparada salita.



– xXx–



La mañana del día de Nochebuena nos despertamos de nuevo a eso de las doce de la mañana, después de haber estado hasta tarde viendo algunas de las películas de mi colección de DVDs rescatada el día anterior de las cajas, y para cuando nos levantamos mi madre ya estaba en la cocina preparando una cena elaborada para la noche, que aunque este año en vez de estar reunida media familia sólo seriamos mis padres, Ángela y yo. Mi madre no pensaba dejar pasar una cena de “gala”. Mientra preparaba la cena daba paseos al salón donde estaba montando el árbol de navidad que Angy y yo habíamos comprado la tarde anterior, de manera que nos compadecimos un poco de ella y mientras yo la ayudaba en la cocina mi hermana se dedicaba a colocar cosas navideñas por todas partes. Como habíamos dejado la mayoría de las cosas en Vigo, mi hermana estuvo parte de la mañana dando paseos al bazar chino que había justo debajo de casa, para comprar las luces del árbol, algo de espumillón, nieve para el Belén y alguna que otra cosa más.

Después de una comida ligera, sabiendo lo que nos esperaba para esa noche, con la casa decorada y la cena prácticamente hecha, Angy y yo competíamos en un juego de carreras de la Playstation cuando Andrea llamó a mi hermana y por lo que pude pillar de la conversación pretendían dar una vuelta por el centro.

– Espera se lo pregunto – dijo mientras se separaba el teléfono y se volvía a mirarme – ¿Te vienes a dar una vuelta por el centro? No viene Pedro – añadió en voz baja apartando aún más el móvil mientras lo tapaba con la mano.
– No sé. ¿Qué vais a hacer? – respondí, rodando los ojos por el comentario de Pedro, la verdad es que estaba muy cómodo allí tirado jugando a la Play pero tampoco quería estar todo el día encerrado y más teniendo en cuenta que pasaríamos la noche viendo cualquier gala cutre de la tele con mis padres.
– Pues no sé, ver el centro, dar una vuelta, mirar escaparates, tomar un café... No sé, lo que sea – dijo ella rodando los ojos.
– Vale, vale, lo capto – respondí riendo – Pero ni se os ocurra meteros de tiendas durante horas y cosas así.
– Andy, que dice que se apunta – finalizó ella hablando por el móvil.

Una hora después ya habíamos salido de casa e íbamos de camino al centro a nuestro punto de encuentro habitual: “Kanji-cómics”, tal y como había dicho Andrea pasamos media tarde paseando por el centro simplemente viendo escaparates y entrando en alguna que otra tienda, en las que afortunadamente no perdieron mucho tiempo. Y estaba resultando entretenido y agradable hasta que Andrea decidió ir enseñándome el “mundillo gay” conforme paseábamos.

– Mira, aquel es gay, ese estuvo con Pedro hace un par de años y aquel también, es el novio de uno de los rollos que tuvo Carlos mientras estaba conmigo y con Pedro – iba diciendo ella mientras señalaba “discretamente” a unos y otros que se nos cruzaban por al calle.

Durante todo ese monólogo de Andrea mi hermana miraba muy interesada mientras yo no sabía donde meterme, hasta que señaló a un chico que sí que me sonaba, era un chico aproximadamente de mi altura de complexión delgada, con el pelo castaño claro y peinado de punta en un look “desenfrenado”, tenía una cara de rasgos finos, nariz respingona y una mirada de ojos castaños un tanto retadora.

– Ese es Pablo, aunque sólo tiene 17 años está en todas las fiestas que montan en Gólgota, la disco donde fuimos a la fiesta de espuma – decía ella muy animada.
– ¿17 años? – pregunté sorprendido, el chico aparentaba mi edad si no más.
– Yo pensé que tenía la edad de mi hermano – dijo Angy.
– Sí, es que aparenta más pero que va, sólo tiene 17, siempre ha sido un chico muy precoz, salió del armario a los 15 delante de toda la familia en pleno almuerzo navideño – río ella hasta que Pablo se volvió y se fijó en nosotros, antes de que Andrea siguiera hablando él empezó a acercarse hasta que se paró justo enfrente nuestro.
– Hola Andy, ¿hoy no vas con Pedro? – dijo el dándole dos besos.
– Qué va, se ha ido con su hermano a comprar regalos de navidad – respondió ella.
– Siempre dejándolo todo hasta última hora, ¿cómo no? – y mirándome directamente a mí, añadió – Oye, ¿yo a ti te conozco de algo?
– No creo, porque no es de aquí, se mudaron hace poco – respondió Andrea por mí – Él es Nando y ella es Ángela – añadió señalándonos a mi hermana y a mí – Chicos, este es Pablo.
– No, en serio, me suena muchísimo tu cara – dijo él mientras me daba a mí la mano y dos besos a mi hermana.
– En realidad a mí también me suena a tuya – dije yo confundido.
– ¿En serio? – preguntó Andrea sorprendida.
– Sí, pero no sé de qué – le respondí.
– Como no sea de la fiesta de espuma... – y nada más decir Andrea esto Pablo me miró sorprendido.
– ¡Hostia, sí! Tú eras el que se estaba pegando el lote en los baños del Gólgota con Pedro la otra noche, ¿verdad? – soltó de golpe, mientras yo veía como la cara de Andrea cambiaba drásticamente. "Hijo de la gran puta"... A ver quién soportaba ahora a Andrea.

Pero yo a él lo conocía de otra cosa, porque el domingo iba demasiado borracho como para recordar su cara, lo había visto en otro sitio y de pronto lo recordé “el pastorcillo”.

– Y tú eres el que se lo estaba montando con Carlos en los baños del... ¿Cómo se llamaba? – dije como venganza.
– ¿El Pecado (PK2)? – preguntó Andrea aún más sorprendida mirándonos a ambos, creo que estaba pensándose seriamente a quién interrogar primero y afortunadamente empezó por Pablo.
– ¿Te lo estas montando con Carlos? – dijo indignada.
– Venga ya, Andy, todos conocemos tus movidas y las de Pedro con Carlos, pero eso no quita para que tenga un polvazo.
– ¡Dios! No me lo estoy creyendo, yo te creía listo, ¿sabes que jugará contigo como lo hace con todos, verdad?
– Pero es que yo no le doy oportunidad de jugar, me lo follo y punto, ahí termina nuestra relación – respondió él mirando hacia otro lado.

Y yo sabía por qué, estaba mintiendo descaradamente, recordaba perfectamente aquella conversación en el baño en la que le echaba en cara a Carlos el estar aprovechándose de él y el jueguecito estúpido que se traía Carlos con lo del pastor y el lobo.

– Espero que sea verdad Pablo, porque me caes bien, no quiero verte manipulado por ese capullo.
– Claro que sí, Andy – dijo poniéndose nervioso – Bueno, yo me tengo que ir que he quedado, a ver si nos vemos en otra ocasión – añadió despidiéndose de mi hermana y de mí al tiempo que huía descaradamente.

Dicho esto simplemente se quitó de en medio casi dejando a Andrea con la palabra en la boca, pero claro ella tenía otra víctima, Yo. Se giró lentamente hacia mí de una forma que daba hasta miedo, parecía una de esas chicas poseídas de las películas de terror, y con el pelo tal y como lo llevaba ese día completamente liso y suelto, aparte de lo largo que lo tenía... ¿Cómo se llamaba la japa esa de la peli que le gustaba a mi hermana? ¿Sadako? Era Sadako versión pelirroja la cabrona, la misma mirada de psicópata poseída.

– Así que tú te diste el lote con Pedro – dijo con voz de mala de la película – ¡Lo sabía! Y vosotros diciendo que eran delirios febriles el lunes por la noche. ¡Cómo fue, cuéntamelo!
– Pues... yo estaba muy borracho, él me acompañó al baño, se me acercó, lo besé... – dije sin saber dónde mirar, casi era mejor responderle antes que tenerla toda la tarde preguntando, o eso pensé yo.
– Y os lo montasteis allí en los baños – continuó ella emocionada en un cambio total de personalidad. ¿Acaso esa chica era bipolar? Siguió con su cara de emoción y tan tranquilamente como la que esta diciendo “me gustan los dulces” preguntó: – ¿Quién fue pasivo y quién activo? – creo que hasta mi hermana se sorprendió, aunque fuera sólo por unos segundos.
– ¿De qué hablas? Sólo nos besamos – respondí alterado – Y deja de pegar gritos, por el amor de dios – respondí entre susurros tirando de ella para al menos apartarnos de en medio de la calle donde seguramente más de uno nos miraba con cara de susto.
– Venga ya, Nando no seas así, cuéntamelo – añadió ella.
– Y a te lo he dicho, nos besamos, ya está – respondí. Sorprendentemente mi hermana, que estuvo callada todo ese rato, salió un poco en mi ayuda.
– ¿Y si nos tomamos un café o algo y hablamos tranquilamente allí? Yo quiero repetir en la cafetería esa japo – preguntó mientras Andrea la miraba suspicaz.
– Tú lo sabías, ¿verdad perra? Qué poco corazón, no dijiste nada, muy bonito – dijo con gesto de falsa indignación.
– Yo veo muy buena idea lo de la cafetería – añadí intentando cambiar de tema.
– Pero que confabuladores me habéis salido, vamos a la cafetería pero que ni se os pase por la cabeza que se me olvida el tema.

Y dicho y hecho nos dirigimos a la cafetería mientras por el camino y un poco más discretamente Andrea intentaba sacarme información inexistente de todo lo que pudiera haber pasado en el baño aquella noche, conversación que para mi desgracia continuó en la cafetería con una “fascinante” y totalmente inventada historia producto de la degenerada mente de Andrea, de lo que, según ella, pasó en los baños, seguida por una aún más imaginativa historia de lo que pasaría entre Pedro y yo a partir de ese “encuentro”.

Así transcurrió el resto de la tarde hasta que Andrea recibió una llamada de su madre, a la cual pudimos oír, sin necesidad de manos libres, preguntándole a gritos que donde se había metido y diciéndole que tenía que ayudarla con los canapés de la cena. En ese momento amé de todo corazón a la madre de Andrea por la interrupción, porque ella salió casi corriendo de la cafetería tras pagar y casi despidiéndose desde la puerta aun con el móvil pegado a la oreja, mientras daba no sé qué excusas a su madre.
Yo respiré aliviado y tras mirar el reloj y ver que eran las ocho de la tarde decidimos irnos a casa y durante el camino mi hermana se reía de mi por la situación en la que me había puesto Andrea.

Al llegar estaba todo preparado, una cena de lujo y la mesa vestida de gala, producto del inagotable espíritu navideño de mi madre. Casi nos obligó a vestirnos “de gala” porque según ella la cena de Navidad había que vestirse bien, que era una vez al año y bla, bla ,bla …

Después de la cena tuvimos un rato de singstar y otro rato más de televisión, hasta que dadas las doce nos dimos algunos regalos, solíamos darnos los regalos el día de Reyes, pero de hacía unos años nos dábamos un pequeño detalle por navidad. Yo le regalé a mi hermana un perfume que ya le tenía comprado hacía unas semanas, cuando me dijo que le encantaba, y ella me regaló una edición de lujo con las dos películas de Batman, porque si bien no era un friki del manga como mi hermana, sí que me encantaban las películas de súper héroes basados en cómics americanos. A mis padres les habíamos comprado unos bonos para un fin de semana en un Spa que había cerca de allí. Y mi madre como siempre se empeñó en regalarnos ropa, aunque esta vez había acertado, pues a mí me había comprado una vaqueros y una chaqueta de pana negra que me encantaron y a mi hermana una colección de calcetines altos de rayas de todos los colores, un bolso negro con mil bolsillos y unas Converse de color morado con calaveras negras.

Poco después de eso y tras un rato más de una gala de esas malas de la tele mis padres se fueron a dormir mientras Angy y yo nos quedábamos viendo Batman Begins.


– xXx–


A la mañana siguiente nos despertamos medianamente temprano, pero estuvimos toda la mañana tirados en la salita enganchados de nuevo a la Playstation hasta la hora de comer donde comimos lo que “obviamente” había sobrado de la copiosa cena que había preparado mi madre el día anterior.

Por la tarde a mi padre se le ocurrió sacar el Monopoly para pasar un tarde en familia como hacía años que no pasábamos una, y como entonces, mi hermana y mi padre volvían a ser los que a cada despiste de mi madre hacían todas las trampas posibles. Hipotecaban y deshipotecan con dinero que sacaban de no se sabe dónde, tal y como cuando teníamos 12 años, mientras mi madre se mosqueaba por sus trampas y mientras yo me reía pasando de todo. Casi sin darnos cuenta se nos pasó la tarde y por la noche simplemente tuvimos maratón de películas navideñas cutres que tanto le gustaban a mi madre y mi hermana.


– xXx–


Esa mañana me desperté con el sonido de mi móvil, al principio pensé que seria la alarma pero me di cuenta enseguida de que no la había puesto así que lo cogí y miré la pantalla... “Marcos”.

– Hola, tío – dije aún medio dormido.
– Joder, Nando, eres una puta marmota ¿Sabes que son las 12 de la mañana? – respondió Marcos entre risas – A no ser que salieras anoche. ¿Qué pasa, ya tienes ambiente allí?

¿Ambiente? Y tanto que tenía “Ambiente”, pero no era plan de decirle eso a Marcos.

– Qué va, estuve viendo películas con mi hermana, saldremos hoy supongo, porque ayer era día familiar, tú sabes… – respondí bostezando mientras me acomodaba mejor en la cama.
– Entonces os va de puta madre con esos nuevos amigos frikis, ¿no? Ya te veo a ti vestido de Sailor Moon en el próximo salón que vaya Angy – bromeó.
– Te puedo asegurar que mi hermana no me va a poner un falda por mucho que se empeñe – le reí la broma.
– Oye. pues esta noche más te vale no salir hasta tarde, que al final mi vuelo lo han cambiado y llego allí a las 10 de la mañana, y supongo que me iréis a buscar al aeropuerto, ¿verdad?
– Claro, idiota, no te vamos dejar coger un bus hasta aquí, que ni siquiera es en la misma ciudad, lo que no sé es si iremos Ángela y yo o vendrá mi madre con nosotros, por eso de que no conduzca yo tan “lejos” – dije pronunciando lentamente la última palabra.
– Casi prefiero que venga tu madre, porque tratándose de ti y por la mañana, fijo que te duermes al volante.
– Qué poca confianza me tenéis todos, cuando vengas no te voy a llevar a ninguna parte, a todos sitios andando, o mejor… que conduzca Andrea, con esa sí que flipas baila y conduce a la vez, la última vez que me subí con ella en el coche me pensé seriamente besar el suelo al llegar – le dije riendo ampliamente.
– Oye, y esa tal Andrea... ¿Qué rollito te traes con ella? ¿No fue la que me cogió el teléfono la última vez? – preguntó interesado.
– Qué va, demasiado friki para mí – una cosa era no decirle que era gay y otra inventarme un “novia” para encubrirlo y menos Andrea, que conociéndola fijo que se aprovechaba de la situación.
– Bueno, bueno a ver qué me encuentro cuando llegue... ¿Y tu hermana qué? ¿Se ha buscado ya algún frikoso? – dejó caer como quien no quiere la cosa. Hijo de puta, claro como se supone que yo no sabía nada de su “rollo” con mi hermana.
– Tampoco, sigue siendo friki soltera – respondí a regañadientes.
– Bien, bien, que no me gustaría verla con un flipado de estos que se pasan el día viendo dibujitos y cascándosela con muñecas.

Si mi hermana lo llega a oír diciendo eso, una de dos, o se emociona pensando que en el fondo quiere algo con ella (cosa que yo pensé) o lo mata por tener ese prejuicio hacia los frikis.

– Por ahora no tienes que preocuparte, ningún friki a la vista –le dije intentando no decirle que se dejara de juegos y que ya sabía lo que había pasado entre él y mi hermana.
– Bueno tío pues te dejo que mi madre me está diciendo que corte, acuérdate que llego mañana a las 10.
– Claro, ahora aviso a mis padres y te mando un mensaje avisándote de lo que sea.
– Venga, adiós – se despidió Marcos antes de colgar.

Después de remolonear unos minutos más en la cama me levanté para decirle a mis padres lo que me había dicho Marcos, y al salir al pasillo me crucé con mi hermana que entraba en su habitación.

– Me ha llamado Marcos – le dije.
– ¿A qué hora llega? – preguntó ella muy interesada.
– Su avión llega a las 10 de la mañana, así que habrá que madrugar, tendremos que salir al menos a las 9:15 por si acaso – y viendo su cara de “que pocas ganas de madrugar” añadí – Por cierto, me ha preguntado bastante por ti, de hecho se le veía muy interesado – después de decir eso, a mi hermana le cambió completamente la cara.
– ¿En serio? ¿Qué te ha dicho? – preguntó emocionada.
– Pues una de las cosas que me ha preguntado es si tenías ya un novio friki o algo – le dije mirando su reacción, que iba de la sorpresa a la emoción – ¿Tú crees que pasará algo al final entre vosotros? – le pregunté interesado.
– Pues no lo sé – me dijo mientras miraba el suelo tímidamente – A mí no me importaría, para qué engañarnos, pero es que tampoco me quiero hacer ilusiones. Él siempre me ha llamado bastante la atención y después de lo que pasó el año pasado pues más, pero tampoco he querido cometerme mucho la cabeza. Por eso lo he visto más como un “si pasa bien y si no pues nada”, pero la verdad es que no sé qué haría en el caso de que se repitiera lo del año pasado.
– Sinceramente no sé qué decirte, conozco a Marcos, sé que no es un mal tío, ni es de los que le gusta tontear con todas y tal, sé que llegado el momento se sabe comprometer, pero Angy… Es un tío, asegúrate de que tienes muy claros tus sentimientos antes de hacer nada de lo que te arrepientas, o al menos dejarle las cosas claras a él, porque quizás no busquéis lo mismo el uno del otro.
– Si, supongo que sí – respondió ella pensativa – En fin, ya veré como se desarrolla todo estos días – terminó feliz de camino a su habitación, ya había pasado al modo Zen ese friki-happy y seguramente su mente había olvidado a Marcos momentáneamente para llenarse de yaoi o cualquier otra cosa hasta que lo viera mañana en el aeropuerto y volviera a comerse la cabeza.
– Por cierto, vendrás conmigo a buscarlo, ¿verdad? – le pregunté antes de que cerrara la puerta de su habitación y ella se giró sonriente.
– Claro, pero yo pongo la música – añadió.
– Eso ya lo veremos – respondí riendo, no tenía muy claro que pudiera soportar japoneserías a las 9 de la mañana.

Cuando entré en la cocina buscando a mi madre me avisó de que mi padre estaba en el trabajo, pero que volvería para la hora de comer y me dio un paquete que habían mandado los de Telefónica con la conexión a Internet, obviamente me tocaba a mí ponerlo, porque la línea la teníamos desde el día 22, pero al menos para después de comer como muy tarde tendríamos Internet. De manera que pasé el resto de la mañana conectando el router, creando la red inalámbrica, encriptándola y configurando los ordenadores y la Playstation para que todo estuviera conectado, estaba tan entretenido que no me había dado cuenta ni de que ya había llegado mi padre para comer.

– ¡Fer! – él era el único que me llamaba así, aunque algunos de mis amigos se empeñaron en llamarme así durante un tiempo después de escuchárselo a él – ¿Por qué está mi ordenador encendido?
– Estaba poniéndote la red inalámbrica, ya llego el Kit ADSL y he estado configurándolo – le dije desde la salita donde estaba configurando la Play, que era lo único que me había estado dando problemas, a pesar de ser lo único conectado por cable.
– ¿Ya tenemos Internet entonces? – preguntó él.
– Sí, se supone que sí, reinicia tu ordenador para que se guarde la configuración y prueba a ver.
– ¿Entonces yo también me puedo conectar? – preguntó esta vez mi hermana que hasta ahora ni se había interesado en saber qué era lo que había estado tocando en su ordenador toda la mañana.
– Sí, Angy, reinicia y prueba – le dije configurando las opciones de juego online de la Play. Sabiendo lo que pasaría inicie mentalmente la cuenta atrás 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2…
– ¡Nando!
– ¡Fer!
– ¡Voy! – respondí entre risas soltando el mando de la consola.

Primero fui al salón a ver que problema tenía mi padre, después de todo mi hermana podía esperar, o al menos un poco antes de empezar a llamarme de nuevo.
– Dime – le dije poniéndome detrás suya y mirando la pantalla donde se veía la clásica ventana del Internet Explorer sin conexión.
– No va Internet.

Obviamente, la red inalámbrica no estaba conectada, en Vigo teníamos la conexión por cable y al llegar aquí nos decidimos por la wireless para no andar poniendo los cables por la pared, así que tras explicarle que se tenía que conectar primero a la red inalámbrica y configurarlo de manera que se conectara automáticamente, vi cómo, por suerte, Internet funcionaba a la perfección.

– ¡Nando! – volvió a gritar mi hermana mientras yo terminaba de explicarle a mi padre qué hacer si no le iba Internet.
– ¡Voy, voy! – le respondí antes de terminar con el ordenador de mi padre e ir hacia la habitación de mi hermana.
– No va Internet – me dijo conforme entraba por la puerta.
Al igual que mi padre no estaba conectada a la red y le di la mis explicación que a él, recé por que funcionara lo de “conectar automáticamente a esta red” porque si no me veía cada dos por tres con la frasecita de “No va internet”.

Cuando terminé con el ordenador de mi hermana volví de nuevo a la salita a terminar con la Play hasta que mi madre nos llamó a comer y tuve que dejarlo. Una vez en la mesa le expliqué a mi padre la llegada de Marcos el día siguiente y como él de todas formas tenía que ir a trabajar iríamos mi hermana y yo a buscarlo en el coche de mi madre, aunque en un principio ella se empeñó en acompañarnos hasta que le dije que nos llevaríamos el GPS y que no habría problemas, a fin de cuentas no eran más de 60km de distancia, tampoco es que fuera una locura y el aeropuerto estaba a las afueras antes de llegar a la ciudad, de manera que en principio tampoco encontraríamos un tráfico excesivo.

Después de comer y cuando por fin conseguí configurar la Playstation para jugar online, decidí conectarme un poco al Messenger, para ver qué tal iban las cosas por Vigo y si estaba Marcos conectado decirle que iríamos mi hermana y yo a buscarlo, con la compañía de “Antonio”, el GPS.
Apenas me había conectado me salio una invitación de contacto: “Dark Angel (kuromi@hotmail.com)”. Apostaba el cuello a que eran o Andrea o Marina, así que le di a aceptar, sin pensármelo mucho, cuando me apareció otra invitación, se ve que me habían agregado todos a la vez “Neo Visual Black (diru_lover@hotmail.com)”, vale lo de visual sonaba a Marina, así que Dark Angel debía ser Andrea, sólo faltaba Pedro, si es que me había agregado, click a aceptar y … por supuesto que me había agregado “¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas (pedro.galvan@gmail.com)”, ya era casualidad que se apellidara justo como Marcos, no se aquí, pero en Vigo desde luego pocos Galván había, quizás aquí sí era un apellido más común, en cuanto a esa frase del nick, me pareció bastante “interesante” aunque seguramente era una cita de vete a saber qué.
Después de aceptar a Pedro miré a ver si estaba Marcos conectado, pero estaba en “Salí a comer”. Sabía que aunque mucha gente pasaba de los estados del Messenger, Marcos era de los pocos que los usaba de verdad, si estaba “ocupado”, estaba ocupado, si estaba en “ausente”, estaba ausente y sólo estaba 100% al Messenger si estaba “online”. Así que simplemente le deje el mensaje para que lo leyera más tarde. Como no había casi nadie conectado y la mitad estaban en “ocupado” decidí desconectarme para jugar un poco online aprovechando que había perdido media mañana configurando la Playstation, pero primero miraría los emails, a eso iba cuando me apareció una ventana de diálogo.

¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
Hola

No podía ser otro, la verdad es que en el fondo quería hablar con el, quería saber a qué jugaba, el lunes se portó como un completo capullo creído, a diferencia de lo dulce que había sido el domingo a última hora, pero después antes de irse volvió a ser el chico dulce que fue el domingo por la noche. Pero hablar con el por Messenger no me parecía muy buena idea, no podría verle la cara para saber en qué bromeaba y qué decía en serio, y si no le contestaba parecería que no quería hablar con él. En fin, “de perdidos al río”.

¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
Hola
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
vais a salir hoy?
¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
no creo, mñn madrugamos k llega Marcos
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
tenéis k buscarlo en el aeropuerto?
¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
si, vamos angy y yo a por el
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
sabes llegar?
¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
no, xo me llevo el GPS
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
entonces ok
xo no vais a salir aunk sea a tomar algo?
¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
pues ni idea
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
espera k se acaba d conectar andy
la meto
hostia
angy tb esta
la meto

*Dark Ángel: se agrego a la conversación
*I scream into the night for you Don't make it true, don’t jump: se agregó a la conversación

Oh, no, lo que me faltaba... Multi conversación de Messenger, las odio, de verdad que las odio.

I scream into the night for you Don't make it true, don’t jump:
Hi
Dark Angel:
Holaaaa
I scream into the night for you Don't make it true, don’t jump:
hostia Pedro tu tb eres fan de crepúsculo?
ame el libro, pero la película…
vaya bodrio
Dark Ángel:
y que lo digas, que porqueria
mens mal k estaba ahí jacob todo divino ^^
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
sera pederasta la tia…
I scream into the night for you Don't make it true, don’t jump:
XDDDD a mi tb m gusta jacob
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
la difrencia es k tu solo le llevas 1 año
Dark Angel:
vete a cagar pedro Jacob es amor *_*

Suficiente, no necesitaba más de eso.

¿Por qué caemos? Para aprender a levantarnos:
chicos, tengo k reiniciar que acabo de actualizar, quedad con angy en lo k sea
me salg …
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
chao Nando
Dark Angel:
no te vayas so perro y tu perdo ya se que os liasteis el domingo
¿No lo has notado? Ahora estoy rompiendo todas las reglas:
O__O como te has enterado?
Dark Ángel:
pablo q tiene la boca muy grande

Ahora sí que me iba, click y… fuera.

– ¡Nando! – cómo no, para Angy sí que no valía la excusa – ¡Nando! – volvió a gritar mientras la oía teclear a toda leche.
– ¿Qué? – le espeté apoyado en el marco de la puerta de su habitación.
– ¿Piensas seguir huyendo de Pedro toda la vida? – me dijo aún mirando la pantalla de su ordenador, mientras yo entraba cerrando la puerta tras de mí y haciéndole señas de que hablara más bajo.
– Yo no huyo de Pedro, huyo de estar toda la tarde tratando de entender de qué habláis – me excusé pobremente.
– Ya… no te lo crees ni tú. Mira, están diciendo de ir al centro comercial, por lo visto han puesto una pista de hielo – dijo emocionada señalando la pantalla.
– ¿Una pista de hielo? ¿En serio?

Desde que en Vigo se hizo costumbre navideña lo de la pista de hielo en el parque Castrelos, yo había ido más de una vez y no se me daba mal del todo, porque a Marcos le dio una época por el skate y me pegó a mí el gusto por las ruedas, aunque yo siempre fui más de patines, pero tengo que reconocer que no era lo mismo el hielo que los clásicos patines en línea, pero no me parecía del todo mala idea lo de la pista de hielo a fin de cuentas.

– Por lo visto es el primer año que la ponen, que Pedro la vio el día 24 cuando fue a comprar regalos – dijo Angy mientras leía la pantalla – Dice que no es muy grande y que la mayoría de la gente esta más en el suelo que de pie pero que él quiere probar – siguió mi hermana – ¡Dios! Dice que no ha patinado en la vida – y tras un velocísimo tecleteo añadió – Ni siquiera en línea – continuó entre risas – Vamos Nando, vamos, se va a llevar todas las tortas posibles, yo lo quiero ver.

Ahora sí que tenía ganas de ir, me lo iba a pasar de lo lindo riéndome de Pedro, le encantaba ir de chulito prepotente, aunque sólo a veces y sigo sin entender esa actitud suya bipolar, pero esta vez sería yo quien se riera.

– Claro, vamos – le respondí a mi hermana con una sonrisa pintada en la cara.
– Dicen que nos recogerán a las 6:00 – me explicó mi hermana – Pero aún no saben quién, Andrea está discutiendo con Pedro, por lo visto no es buen conductor y prefiere conducir ella – rió mi hermana ampliamente.
– Bueno, yo mientras voy a jugar un rato a la Play que aún queda más de una hora – le dije saliendo de su habitación.

Después de un buen rato jugando despegué la vista de la pantalla al escuchar a mi hermana dando gritos.

– ¡Mamá! ¿Dónde están mis patines de hielo?

Los patines habían sido regalo de navidad el primer año que pusieron las pistas en Vigo, tanto Ángela como yo teníamos unos, descuidadamente miré la hora, las 5:45. ¡Mierda!, yo aún estaba en pijama, pero afortunadamente sabía dónde estaban mis patines. Corriendo me levante del sofá y apagué la Play para vestirme antes de que llegaran.
Acelerado busqué en mi armario ropa de abrigo, porque aunque no hiciera un frío excesivo sabía que en la pista sí que lo haría, de manera que me puse unos pantalones vaqueros, básicamente porque sólo gastaba de esos, saqué una camiseta gris, un jersey azul de cuello alto y cogí una cazadora de pana negra forrada por dentro para ponérmela después al salir a la calle.

Apenas había terminado de vestirme cuando escuché la inconfundible musiquita del móvil de mi hermana, señal de que estaban abajo, saqué mis patines de debajo de la cama y me asomé a la habitación de Angy, que rebuscaba entre algunas cajas que por lo que se ve no había desecho y escondía debajo de la cama.

– Angy, son ellos, ¿verdad? – le dije mirando su móvil sobre el escritorio.
– Supongo, pero no encuentro mis patines.
– Seguro que allí los alquilan – le dije impaciente.
– Pero es que los míos molan mucho – me respondió con una mueca de tristeza poniendo morritos y girándose de nuevo a la caja en la que estaba revolviendo – ¡Auch! Aquí están – dijo chupándose el dedo feliz, se había cortado con la cuchilla.
– ¿Te has hecho daño? – pregunté acercándome.
– No, sólo un arañazo – dijo mirándose el dedo con una gota de sangre – Vámonos – canturreó poniéndose de pie con los patines en la mano.

Le eché un vistazo y lo primero que pensé fue que de no ser porque sé que sabe patinar sobre hielo juraría que la que seguro que se la pegaba hoy era ella, por que con esa falda larga negra mucha movilidad no debía tener. Y de nuevo sonó el móvil de mi hermana de manera que corrimos hacia la puerta despidiéndonos de mi madre.

Al llegar abajo comprobé que finalmente venían en el coche amarillo de Andrea, y ambos nos miraron sorprendidos cuando aparecimos en el portal, hasta que nos subimos en la parte de atrás del coche.

– ¿Tenéis patines de hielo? – pregunto Andrea totalmente vuelta en su asiento.
– En Vigo ponen pista de hielo todos los años – respondió mi hermana.
– ¿En serio? – preguntó Pedro – Eso no vale, vosotros tenéis experiencia, seremos nosotros los que hagamos el ridículo.
– Eso es lo divertido – le respondí sonriendo.
– ¿Me enseñarás a patinar, Angy? – preguntó Andrea.
– Claro, no es tan difícil como crees – respondió mi hermana.
– Enséñame a mí también, Angy – dijo Pedro.
– De eso nada, a ti que te enseñe Nando, a Angy ya me la he pedido yo – dijo Andrea mirando a mi hermana de manera cómplice. Ya sabía yo por donde iba aquello.
– Bueno, Nando, enséñame tu entonces – dijo el seductoramente.
– Puedes aprender sólo, no es tan difícil – le dije sonriendo irónicamente.
– Venga ya, Nando, no seas así – me dijo mi hermana dándome un codazo justo en las costillas.
– Además así tienes excusa para meterle mano – dijo Andrea dándose la vuelta y arrancando el coche.
– ¿Quién quiere meterle mano? – dije alterado.
– Según Pablo, tú – respondió ella entre risas.
– Estaba borracho – refunfuñé poniéndome colorado mientras los otros tres se reían de mí.
– Si, si ya – respondió Andrea e intentando dejar el tema por zanjado añadió – ¿Qué haremos esta noche?
– Nosotros no vamos a salir, mañana por la mañana tenemos que ir al aeropuerto a por Marcos – dijo mi hermana antes de que yo pudiera contestar.
– ¿Ya? ¿Mañana llega Marcos? ¿Lo puedo violar? – casi gritó Andrea emocionada mientras miraba hacia atrás.
– ¡La carretera! ¡Mira la carretera! – le grité alterado.
– Sí, sí tranquilo… Pero ¿lo puedo violar?
– ¡NO! – gritamos mi hermana y yo a la vez.
– Vale, vale tranquilos – dijo ella – Mirad ya hemos llegado – añadió señalando el centro comercial.

Cuando llegamos descubrí que el espectáculo era ciertamente divertido, según nos explicaron era la primera vez que ponían una pista en la ciudad, la mitad de la gente no se atrevía a meterse en la pista por vergüenza a hacer el ridículo y los que se atrevían estaban más tiempo en el hielo que patinando.
Los primero sorprendidos de vernos con los patines al hombro fueron los del puesto de alquiler de patines donde fuimos a que Andrea y Pedro pidieran los suyos.
Ya con los patines puestos mi hermana y yo nos dirigimos a la pista mientras Andrea y Pedro hacían el intento de no matarse en el corto recorrido.

– Venga, es fácil – dijo mi hermana desde el centro de la pista mientras se diría a hacia ellos que aún se agarraban a la valla – Venga, sólo soltaos – siguió diciendo mientras llegaba a su altura y tiraba de Andrea.

Yo por mi parte simplemente me deslicé por la pista esquivando a la gente y di un par de vueltas antes de volver donde ahora sólo Pedro se agarraba a la valla y a pocos metros mi hermana tiraba de Andrea haciéndola moverse.

– ¿En serio voy a tener que despegarte de ahí? – dije riéndome de Pedro.
– No, yo puedo solo – dijo de manera autosuficiente mientras se soltaba de la valla para hacer equilibrios, antes de volver a agarrase mientras yo me reía abiertamente – Vale, no puedo – resopló abatido – ¿Me ayudas? – me preguntó tímidamente mientras le caía el flequillo por la cara y se lo apartaba resoplando hacia arriba en un gesto bastante cómico.
– Vale, dame la mano – dije al tiempo que extendía la mía hacia él.
La miró un momento desconfiado y después la cogió, pero seguía agarrado a la valla con la otra mano sin querer soltarse, me dedicó una mirada tímida y suspiró haciendo moverse otra vez su flequillo. Definitivamente, era bipolar. ¿Dónde está el chico creído y chulo que me plantó cara hace unos días diciéndome que yo estaba loco por él? La verdad ni lo sabía ni me importaba, este era el chico que a mí me había llamado la atención desde el primer momento. ¿Y qué hago yo pensando esto ahora?

– Ahora suéltate – le dije mientras me miraba medio asustado – No te vas a caer – le dije sonriendo.
– Como me caiga y me parta una pierna te mato. ¿Y si me caigo y alguien patina sobre mí y me corta una mano o algo?
No pude evitar reírme de su comentario, pero simplemente tiré de él intentando separarlo de la valla, cosa que conseguí mientras él se tambaleaba un poco.
– Ahora sólo deslízate – le dije al tiempo que me deslizaba yo un poco arrastrándolo conmigo.
– No, no, no – me dijo agarrando mi mano con mas fuerza – Da igual, lo dejo.
– ¿Has pagado 6€ para estar cinco minutos agarrado a una valla? – le pregunté tirando un poco más de él, separándolo de la valla de nuevo.
– Me voy a caer – me dijo asustado.
– Seguro que sí, pero no te vas a romper nada, ni te van a cortar una mano – le dije sonriendo – Como mucho se te congelará el culo si tardas demasiado en levantarte.
– Me gusta mi culo tal y como está, gracias – me dijo con una cara bastante cómica.
– En eso estoy de acuerdo contigo – le dije echándole un vistazo a su trasero. ¿En qué estaba pensando? Nando ¡No! Vas mal. Me autoreproché mentalmente antes de que él me mirara sorprendido.
– Vaya, gracias – me dijo un poco más confiado.
– Venga, muévete, que no pienso estar aquí toda la tarde.

Y nuevamente tiré de el, haciéndolo deslizarse por el hielo, mientras se aferraba a mi brazo, esta vez con las dos manos. Como vi que era un poco imposible que se deslizara por sí solo al menos por ahora, seguí haciéndole de remolque durante varios minutos, hasta que fue suavizando el agarre poco a poco, entonces en un movimiento rápido hice que se soltara y lo deje solo en medio del hielo situándome a un par de metros.
– Ahora tu solo – le dije mientras él miraba con una mezcla de odio y preocupación.
– No tiene gracia, Nando – me dijo un poco alterado.
– Venga, en serio que no es tan complicado, mira Andrea – le dije señalándola mientras esta se deslizaba un poco insegura con mi hermana al lado – Sólo haz lo mismo que ella, mira – añadí deslizándome un poco a su alrededor.
El arrastró un poco los pies sobre el hielo, de una manera bastante graciosa mientras se tambaleaba acercándose poco a poco a mí, pero hacía movimientos muy cortos, como las geishas al andar. Así no llegaría a ninguna parte.
– Tienes que deslizarte más, pasos más largos, ven – le dije tendiéndole de nuevo mi mano, este se apresuró a cogerla y a dejarse llevar de nuevo – No, no, tienes que mover los pies. Si veo que no mueves los pies, te suelto – le regañé.
– Vale, vale, yo muevo los pies, pero a ti ni se te ocurra soltarme – dijo mientras arrastraba un poco los pies de manera más confiada que antes.
– ¿Ves? Eso esta mejor – le dije mientras yo patinaba de espaldas al tiempo que le miraba y tiraba de él cogiendo un poco más de velocidad.
– Uhhh, mira qué romántico – escuché decir de Andrea, momento en que solté a Pedro apartándome hacia un lado, rojo de vergüenza, pero con la inercia Pedro siguió deslizándose por la pista.
– ¡Nando! – gritó desesperado mientras se tambaleaba intentando mantener el equilibrio.
– ¡Dios! Que se la pega – exclamé mientras patinaba hacia él, que se dirigía a un grupo de chicas que intentaban hacer piruetas.

Afortunadamente lo agarré justo a tiempo antes de que cayera sobre ellas y lo sujeté con un brazo por la cintura chocando contra él y frenándonos a los dos de golpe de manera que estuvimos a punto de caer al hielo. Él se giró asustado y se abrazó contra mí apoyando su frente en mi hombro quedando un poco encorvado, pues me sacaba un par de centímetros y las cuchillas de sus patines eran más altas que las mías.

– No vuelvas a soltarme – susurró en mi hombro asustado.
– No te suelto, tranquilo – le dije dándole palmaditas en la espalda.
– En serio, no me sueltes – repitió esta vez mirándome con esos bonitos ojos azules.
– ¿Quieres volver? – le pregunté consciente de que en realidad yo tampoco no quería soltarlo.
– No – me dijo mientras negaba con la cabeza – Quiero volver a intentarlo, ya casi le iba pillando el truco, no me volverás a soltar, ¿verdad? – volvió a preguntarme inseguro.
– Ya te he dicho que no, dame la mano – le dije separándome un poco cogiendo su mano – Vamos, mueve los pies – y cuando vi su cara de preocupación añadí – No te suelto, lo prometo, pero si no mueves los pies te abandono otra vez en la valla.

Y él simplemente asintió con la cabeza meciendo su pelo sobre su cara al tiempo que deslizaba titubeante los pies mientras yo seguía patinando hacia atrás, tal y como había hecho antes mientras Andrea volvía a acercarse, pero esta vez se calló cuando yo le dediqué una mirada asesina.

Al cabo de un rato Pedro parecía desenvolverse mucho mejor, cosa que me entristeció al pensar que soltaría mi mano, pero no lo hizo, mejoró bastante en el transcurso de la hora que duraba el alquiler de los patines pero no soltó mi mano ni un solo momento y yo tampoco hice el intento de soltarle a él, se lo había prometido.

Después de la sesión de patinaje Angy y yo dejamos los patines en el coche y volvimos al centro comercial a tomar algo caliente en una de las cafeterías. Pasamos un rato allí hablando de todo un poco y afortunadamente no mucho sobre frikismo si no más bien sobre las ideas de lo que podíamos hacer en fin de año. Más o menos a la hora de la cena Andrea volvió a dejarnos en casa y nos despedimos hasta el día siguiente que habíamos quedado en salir por la noche para enseñarle a Marcos el lugar, pero esta vez por supuesto no iríamos a la zona de ambiente.

2 comentarios

  1. Anónimo Says:

    Awwwww me encanta tu historia la sigo desde el principio en amor-yaoi y en slasheaven, estoy impaciente por que llege marcos jujuju pasara algo entre angy y marcos?? pedro y nando avanzaran mas?? y andy encontrara a alguien?? jujujuju cada vez se pone mas interesante, pues nada que espero leer pronto el proximo capitulo y el blog va mis favorito ^^.
    Besos
    La Hija del Fuego

  2. otakuzen Says:

    Muchas gracias por leer y comentar ^^

    Lo cierto es que Tengo escrito el "guion" hasta el dia de fin de año (fiesta incluida) pero aun no tengo muy claro como escribirlo se mas o menos que pasara hasta entonces, aunque a veces a ultima hopra conforme escribo el capitulo añado o quito algo (La escena de la pista de hielo surgio a ultima hora por ejemplo).

    Pero estoy con el esquema del capitulo 7 asi que esero no tardar mucho en escribirlo y publicarlo ^^

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